Tiene 8 años, ha sufrido acoso escolar y rechazo de médicos: “Soy una niña pero nadie me cree”

Esta es la historia de una niña que pedía muñecas a los Reyes Magos y recibía capas de superhéroes. La historia de una niña que se peinaba con horquillas, aunque le cortaran el pelo a lo chico. La historia de una niña a la que obligaban a hacer pipí de pie en los aseos de niños. Un día, cansada, pidió a Sus Majestades de Oriente un regalo. Su mayor ilusión era ser tratada como una niña. «Queridos Reyes Magos, quiero ser una niña. En realidad, ya lo soy, pero nadie me entiende». Nadie menos su ángel de la guarda María Esperanza…

Elsa (nombre ficticio) es la primera niña transgénero en Baleares. Su cuerpo le lleva la contraria a su sentir. El caso de esta pequeña, que con sólo cinco años pedía vestirse de rosa y hacerse coletas en el pelo no es común. «Los transexuales suelen brotar en la adolescencia, con el cambio de hormonas», cuenta María Luisa, su madre, pero Elsa habla de sí misma en femenino desde que tiene uso de razón. «En los juegos siempre quería ser la princesa, la madre, la protagonista femenina… Nosotros siempre la corregíamos y le decíamos tú eres un nene», recuerda con dolor.

El pediatra nunca le dio importancia. «Nos decía que imitaba a su hermana mayor, que era normal». Así que siguieron tratándola como a un niño hasta que la pequeña comenzó 1º de Primaria en el curso 2014-2015 y apareció su ángel de la guarda. Conocieron a su tutora, María Esperanza, quien supo interpretar sus «toques de atención».

Elsa posa de espaldas en su habitación repleta de muñecos y de color rosa.
Elsa posa de espaldas en su habitación repleta de muñecos y de color rosa.

Su tutora, su ‘ángel de la guardia’

«Se escondía debajo de la mesa y parecía enfadada con el mundo», explica la maestra, que a los 15 días de empezar el curso llamó a los padres para decirles que algo no iba bien. «No sabía nada sobre transexualidad pero algo me decía que teníamos que hacer feliz a esa niña, no había que esconderse», apunta la maestra. «¿Nos arriesgamos?», les preguntó.Y empezaron el proceso para «parir a la niña».

Cada día, la maestra se las ingeniaba en clase para normalizar el tema y avanzar en la identidad de la niña. Un día jugaron a cambiarse el nombre. Nunca lo olvidará. «Vino y me susurró algo al oído que no entendí, entonces le pedí que lo escribiera en la pizarra». La pequeña salió con determinación y trazó cuatro letras. Una semana más tarde todos volvieron a sus identidades. Todos menos Elsa. Primera barrera superada.

Pero había trabas cada día. En el colegio, con los niños mayores que la insultaban y con un puñado de maestros canallas que miraban para otro lado. En la calle, también. Y en el pediatra. En la sala de espera del médico, Elsa se ponía nerviosa. No tenía miedo a las jeringas sino a que pronunciaran su nombre. Retumbaba en sus oídos fuertemente. Y tenía que levantarse y aguantar las miradas reprobatorias. Dentro de la consulta, Elsa reiteraba que era una niña. Y la remitieron a Salud Mental con un diagnóstico claro: «trastorno de personalidad».

Rechazo del psicólogo

En el psicólogo no fue mejor. «Nos dijo con pocas palabras que estábamos locos, que era imposible que tan pequeño se sintiera niña». «Yo le respondía que los transexuales nacen, no se hacen, pero él siguió con los reproches»: que si la influenciaba con su feminidad, que si hay que castigarla si se pinta las uñas… Los padres dudaron. Si lo decía un experto, tendría razón. Y siguieron tratándola como un niño, mientras crecía la frustración de la pequeña.

Una noche en vela, buceando en Internet, Alex dio con la Asociación Chrystallis. Se puso en contacto con la presidenta nacional y se les abrió el cielo. Empezaron a compartir situaciones y entendieron que Elsa era una niña transexual sin disforia de género, «es decir, que no tiene rechazo a sus genitales, que algunos incluso intentan cortarse el pene con unas tijeras», explica. A partir de entonces, Álex y Maria Luisa quisieron ayudar a más gente y pusieron en marcha la sede balear de Chrystallis. Son presidente y vocal, junto con la vicepresidenta María Castillo (Casti), otra mamá de una niña trans de casi seis años. Hoy ayudan a otras seis familias con niños transgénero en Baleares y a cualquiera que llame a su puerta. Actualmente, hay ocho niños trans en Baleares: cuatro en Mallorca, 1 en Ibiza y 3 en Menorca.

Prohibido usar el baño de niñas

Llegó el mes de abril de 2015. Con juegos, naturalidad y mucho trabajo dentro del aula María Esperanza había conseguido hacer el proceso de cambio casi totalmente. Sólo faltaba el definitivo. Se acercaba el cumpleaños de la pequeña y ella quería un único regalo: «Ir al cole con un vestido rosa». Ya por esas fechas, sus padres la dejaban vestirse en casa con falda, pero en el centro escolar iban poco a poco: un día podía ponerse un suéter rosa, otro día un turbante en el pelo… Era el momento de hablar con el director y la jefa de estudios.

El chasco fue enorme. «El director me dijo que si la niña venía al colegio con un vestido, no se hacía responsable de lo que le hicieran ni de lo que le dijeran». Alex, el padre de la pequeña, se aguantó las ganas de partirle la cara, reconoce. «Fue muy embarazoso. Se negó también a que Elsa usara los baños de los niños por respeto a los padres de otras religiones», recuerda con tristeza la madre.

Finalmente, llegó el día del cumpleaños y Elsa fue a clase con un bonito vestido. Y entró a los baños de niñas, como su mejor amiga Sara. Ese día, todos sus compañeros de clase dieron ejemplo a muchos adultos y recibieron a la niña en fila para darle un abrazo uno por uno. A partir de entonces, si algún mayor se reía de ella, todos la protegían. «Hicieron una piña fuerte», dice con orgullo su maestra.

También hubo niños que se burlaron de ella. Los padres denuncian que Elsa sufrió acoso escolar por ser trans. «La insultaban, le hacían mofa y nadie de la directiva hizo nada», salvo la secretaria. Tampoco lo pusieron fácil a la hora de hacer el cambio de nombre en las actas y listados de alumnos. Por eso, acudieron al Defensor del Menor, Joan Marc Tur, al que agradecerán toda la vida la rapidez con que actuó. «Al día siguiente todos los documentos del centro tenían el nombre cambiado». Elsa era Elsa por fin.

Luego llegaron más trámites: el cambio del nombre en el DNI, en el pasaporte, en la tarjeta sanitaria y en el libro de familia. Pero no es total porque el género sigue siendo Masculino, se queja Maria Luisa. Ella lo obvia ante su hija y le dice: «Ves, aquí pone M de Mujer».

La legislación actual no permite cambiar el género en la documentación hasta los 18 años y tras someterse a un tratamiento hormonal de dos años. Pero con la adolescencia, el cuerpo de Elsa cambiará, aunque tome bloqueadores. Las hormonas se pondrán en su contra. María Luisa teme esta etapa y desea que su físico le haga sentir segura. Ella cierra los ojos y se la imagina de mayor:«Será diseñadora e irá siempre arreglada y con mucho perfume. Elsa será de esas mujeres a las que todo el mundo se gira para verlas pasar… Y me encantará».

Aquí, para más información sobre la transexualidad en la asociación Chrysallis Baleares.

El abuelo ‘cerrado’ que entendió a su nieta

«Si es una niña, habrá que tratarla como una niña». Mucha gente miró para otro lado, otra sólo se dedicó a criticar, pero entre los más comprensivos está el abuelo de Elsa. «Un hombre machista, de mente cerrada, de la Andalucía profunda…», define con cariño María Luisa a su propio padre. Sin embargo, cuando un día le dijo que la niña era transexual, él respondió sin inmutarse y con toda solemnidad: «Niña», me respondió,«yo ya lo sabía. Pues si dice que es una niña, habrá que tratarla como una niña». Al abuelo se le abrió la mente a la vez que el corazón. Hoy presume de nieta en el pueblo.

Por: MAYTE AMORÓS

Fonte: http://www.elmundo.es/baleares/2016/11/14/58296df2268e3ec9408b464a.html